Dolores Peralías Fernández (1927-2007)

Nació en Gerena, Sevilla, en 1927. Siempre estuvo muy unida a su hermana Coral porque eran gemelas, tanto es así que las dos pasaron las mismas enfermedades y se entendían muy bien, aunque el carácter era un poco distinto. Cuando chicas pasaron mucho porque su padre murió muy joven, afectado de silicosis, la enfermedad de la piedra. Su madre, mi abuela Felisa, supo defenderse y se puso a vender telas que traía de Sevilla, tenía muy buena clientela, de lo mejorcito del pueblo, como se solía decir, y eso les hizo salir para adelante con las gemelas y su hijo.

Un palo muy fuerte que recibió en la vida fue la muerte de su hermano, Antonio, con 33 años, un día de la Inmaculada; a él le gustaba mucho el flamenco y recopiló una gran discografía de discos de pizarra de los mejores cantaores del momento. Otro palo grande fue la muerte de su marido, con 49 años, después de tres largos años de enfermedad dura ya que en aquella época el cáncer y sus tratamientos dejaban secuelas muy importantes. Al año murió su madre y después murió su tía Plácida. Todas estas muertes familiares la hicieron vestir de luto durante 13 años consecutivos, a mi boda fue vestida de negro y con velo, costumbre de aquellos años para guardar el luto.

Era hermana de la hermandad de la Soledad, la de arriba, zurrasqueña, y ayudaba en la capilla todo lo que podía, su color preferido era el morado, el de la hermandad. Recuerdo cuando niña haber ido a vestir a la virgen con su primo Joselito y a arreglar la capilla que siempre estaba como los chorros del oro. Sin embargo su marido era de la hermandad de la virgen de la Sed, la de abajo, la del color verde. Entre ellos nunca había discusiones de hermandades pero hay un detalle curioso que os quiero contar, mientras yo viví en Gerena nunca me pusieron ni un traje verde ni uno morado, por no herir la susceptibilidad de ninguno de los dos. Mi color preferido también es el morado.

Hasta el año 1965 vivió en el pueblo allí junto a su marido Benito Álvarez González y su tía Plácida Fernández Vega. Con dos hijos se trasladaron a Sevilla por motivos de trabajo de su marido. Vivió siempre cerca de los suyos y pasó temporadas en El Viso del Alcor, con nuestra familia. Le encantaba comer pescado, le encantaba disfrutar de la vida y fue una visitante casi diaria a la Expo’92. Murió el 25 de diciembre de 2007.

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