El tito Antonio, el hermano de la abuela Dolores

índice23Hoy es san Antonio. Cuando yo era chica se celebraban los santos más que los cumpleaños, por eso hoy que es san Antonio me acuerdo de los Antonio que estaban relacionados con la abuela Dolores y quiero que los conozcáis.

Antonio se llamaba su tío, el hermano de mi abuela Felisa, su mujer también se llamaba Antonia, su nuera también Antonia, la mujer de Pepe, y su hija Antoñita; Antonio se llamaba el marido de la tita Coral, su gemela, el padre de las titas Coral, Isabelita y Laura; Antonio se llama el hijo del tito Paco, el hermano de la tita Cati; Antonio se llamaba el hijo de la tita Isabelita y Rocío, el que se fue al cielo cuando nació; Antonio se llamaba un hermano del abuelo Benito; Antonio se llama el hermano de la tita Reyes … y Antonio se llamaba el hermano de la abuela Dolores; él era alto, guapo y tenía poco pelo, era muy simpático y cariñoso. Como veréis es un nombre que en nuestra familia se repite mucho y que siempre se ha tenido en cuenta por las circunstancias que os voy a relatar a continuación.

El tito Antonio, el hermano de la abuela Dolores, vivía en Gerena con la abuela Felisa, tenía un bar y allí se reunían los aficionados al flamenco porque a él le gustaba mucho y tenía discos de grandes figuras del cante, discos de pizarra que hoy guarda el tito Benito porque a él también le gusta el flamenco.

En la feria de Gerena ponía una caseta con la abuela Felisa y tenían mucho éxito porque la abuela Felisa era muy alegre y divertida, ella se plantaba un mantoncillo (que yo tengo guardado) y dos geranios en el moño porque siempre iba con el pelo recogido, al igual que la mayoría de las mujeres de la época; un día se montó en un burro con su primo Juanito y se pasearon por toda la feria, se lo pasaban en grande.

Cuando la abuela Dolores se vino a vivir a Sevilla y también la tita Coral, al año se vinieron también la abuela Felisa y el tito Antonio, vivían en el que hoy es el piso de la tita Cati y el tito Rafael. La abuela Felisa puso un quiosco de chuches y todos los chiquillos del barrio la querían mucho, vendía chuches, dulces y tabaco. De eso sacaba para vivir ellos dos y como vendía mucho pues tenían suficiente, siempre nos hacía regalos cuando íbamos a verla.

Pero el tito Antonio estaba delicado, hacía años que sufría de una enfermedad producida por una bacteria y que atacaba a los pulmones, tuberculosis, estuvo ingresado varias veces por un simple resfriado, y en uno de ellos su cuerpo no pudo resistir más y falleció. Hoy esas enfermedades se curan pero en aquellos tiempos la medicina no tenía solución y moría la gente.

Cuando falleció el tito Antonio tenía treinta y nueve años, muy joven, eso marcó la vida de la abuela Felisa y de sus hijas, la abuela Dolores y la tita Coral. Estaban muy triste porque había muerto muy joven. Le guardaron luto, vestidas de negro, durante muchos años, de hecho la abuela Felisa no volvió a vestirse de color. El luto en esa época se llevaba de forma rigurosa varios años; teniendo yo nueve años se murió la tía Bernardina, hemana del abuelo Benito, y me vistieron de negro, fijaros cómo han cambiado las cosas.

Recuerdo al tito Antonio porque me regaló el primer bolígrafo que yo tuve en mi vida, antes escribíamos con plumilla y tinta china y eso era muy difícil porque como cayera una gota de tinta te estropeaba todo lo que habías escrito y tenías que repetirlo porque tampoco existían los correctores para borrar. Era un bolígrafo verde, con tinta azul, al que yo le cambiaba la barrita de la tinta cuando se terminaba. Cuando yo lo usaba en el colegio todas las niñas quedaban asombradas porque ellas no lo tenían y era raro su uso, estoy hablando de los años sesenta, más o menos.

En la foto aparece junto a la abuela Felisa, delante de un paso.

Bueno, pues ya sabéis un poco más de nuestra historia familiar… seguiremos relatando historias.


Hoy hace 42 años que falleció el abuelo Benito, mi padre

10224007435_6b70959131_míndiceNo podemos hablar de la abuela Dolores sin mencionar al abuelo Benito, su marido, mi padre. El que está en la biblioteca, en el cuadro que está en la pared, detrás de mi mesa. De él hablamos menos porque hace muchos años que no está con nosotros, pero yo lo recuerdo todos los días y es bueno que lo conozcáis porque ellos siempre estaban juntos. Nació el 24 de junio de 1925 y falleció el 15 de febrero de 1976.

Hoy hace 42 años que murió mi padre, una grave enfermedad le quitó la fuerza y la vida antes de cumplir los 50 años, con su cabeza perfecta, dándose cuenta de cómo se iba apagando hasta el final. Recuerdo el momento en que mi hermano vino con el título de haber sacado la carrera, y yo que ya lo tenía, que dijo: “Ea, ya me puedo morir tranquilo”, ya llevaba malo un tiempo. Era como que se había cumplido su objetivo en la vida de que sus dos hijos tuvieran estudios superiores.

Por aquellos años, 1976, el tener una carrera era garantía de conseguir un trabajo en poco tiempo y si además te sacabas las oposiciones pues ya te quedabas tranquila para toda la vida, el trabajo no te iba a faltar.

Un hombre inteligente que sabía taquigrafía y que daba sabios consejos a todos los que teníamos la suerte de estar a su alrededor. Era serio y con un humor irónico que caracterizaba su inteligencia. Recuerdo que cuando José Antonio, el abuelo, le dijo que era seminarista (estudiante para ser cura), sí, sí… seminarista, le dijo que él le regalaba la primera casulla para cantar misa (vestidura que se pone el sacerdote encima de las demás) … él veía que nuestra amistad era muy especial y que pronto se iba a convertir en algo más, y así fue. Continuar leyendo