Chícharos amarillos

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Ayer me encontré con unos amigos de la infancia y quiero  dedicar mi artículo a los recuerdos que tengo sobre ellos y sus familias.

Vivíamos en Gerena, un pueblo cercano a Sevilla, en la calle Ramón y Cajal, muy cerca de la Iglesia, por eso por aquella calle pasaban todas las procesiones porque la otra alternativa era pasar por delante del Ayuntamiento y allí había una cuesta muy grande,(otro día hablaré de las procesiones), la calle no era muy grande, en ella vivíamos unas 10 o 12 familias, pero de toda la vida, es decir, todas las casas eran propiedad de las familias y si se casaba alguien, aunque tuviera su casa independiente, pasaba el día con los padres con lo cual era como si no se hubiese ido de la calle (es el caso de mi tata Magdalena, de Rosario la de la huerta del pino, de la O, de …)

Ayer tuve la grata sorpresa de estar con Felipe, uno de los siete hermanos Marín Pérez, los nombraré, aunque lo que no recuerdo exactamente es el orden por la edad: Jeromo el mayor, Juana que después compró el molino de Maravillas y vivía enfrente nuestra y es con la que más contacto tuvimos después de vivir en Sevilla, Dolores mi mejor amiga que se fue a Sevilla a vivir cuando se casó, Felipe con el que nos une grandes ideales, Antonio, Carmelo el que ha superado una gran enfermedad como un verdadero campeón y el que actualmente vive en la casa de los padres y Francisco, el más pequeño, su padre Felipe y su madre Carmela.

Carmela tenía una tienda en el portal de su casa y mi madre me mandaba allí a comprar… tengo una estampa clavada en mi mente que nunca olvidaré y que siempre que veo a alguno de ellos se me viene a la memoria… en los años que estoy hablando, final de la década de los cincuenta o comienzo de los sesenta, las tiendas siempre permanecían abiertas y como estaban en las casas familiares pues se despachaba a cualquier hora… se llegaba al mostrador y con la moneda que llevabas se golpeaba suavemente en la madera y se decía: «a despachá» y, aunque estuviera comiendo, Carmela, una señora fuerte, alta, siempre con su pelo recogido y vestida de negro, se levantaba y me daba lo que buscaba con toda la amabilidad del mundo. Felipe, el padre, siempre me hablaba, era muy cariñoso… me decía ¿»niña, quieres chícharos»? En Gerena me decían niña y a mi hermano niño, mi madre sólo había tenido esos dos hijos y por eso nunca nos llamó por nuestro nombre, para ella ,y por extensión para la calle, siempre fuimos la niña y el niño.

La imagen que tengo clavada en mi memoria como postal de color sepia, es la de los chícharos amarillos ya que mi madre siempre los hacía con pimentón y salían rojos, pero no era sólo el color lo que me llamaba la atención, los chícharos estaban en una fuente grande y todos sentados alrededor de la mesa comían de la misma fuente, no era «cuchará y paso atrás» porque ellos estaban sentados, los siete hijos y el matrimonio, era que se comía así, no había un plato para cada uno sino una fuente familiar. Me imagino que Carmela sacaría al menos dos veces de la olla porque nueve personas comían mucho…

Con Mari, la mujer de Felipe, que vivía en la calle de atrás, me une una relación muy especial, es la hermana de leche de mi hermano, os lo explico: al nacer Mari su madre murió y mi madre, que había tenido a mi hermano hacía escasamente dos meses, se ofreció a amamantarla ya que en aquella época, años cincuenta, era casi impensable que un niño se criara con biberones y además costaba un dinero que no se podía pagar… a Mari la crió su tía Mercedes, amamantándola Dolores, mi madre, y siempre estaba en nuestra calle aunque yo recuerdo haber ido muchas veces a su casa.

Después, las casualidades de la vida han hecho que no perdamos las relaciones, Mª Carmen la hija de Mari y Felipe se fue a estudiar a Huelva y allí conoció al que hoy es su marido, el hermano de mi vecina Loly de El Viso, los veo de muy tarde en tarde pero ese lazo está ahí y no se pierde, de vez en cuando he visto a los niños en casa de su tía, mi vecina Loly y me ha dado una gran alegría.

Ayer me contaba Mari que todas las niñas de la calle celebraban mis Reyes Magos, estaban deseando que llegara el día para ver qué muñecos me habían traido y es que mi madre me vestía los muñecos, los moisés… y además yo tenía unos padrinos, Manuel (al que debe mi hermano su segundo nombre de pila, y Catalina (a la cual le debo yo también mi segundo nombre) que eran muy generosos tanto con mi hermano como conmigo.

Seguiré escribiendo recuerdos de la infancia porque eso me hará sentir y permanecer activos esos 13 años que viví en mi pueblo natal, Gerena.

 

Post publicado originalmente en La Colina de Peralías


¿Cómo vivió la Expo92 en Sevilla?

Durante seis meses la Expo 92  para mi madre supuso un aliciente que la hacía salir cada día, para descubrir nuevos mundos, para aprender, para hacer fotos por primera vez en su vida, para organizar su vida en torno al horario que ella consideraba oportuno para ir sola.

Se levantaba temprano, arreglaba la casa y dejaba la comida hecha… se iba a la Expo sobre las 10 de la mañana, se tomaba un café en el pabellón de Colombia y empezaba su ruta… estaba pendiente de todos los espectáculos que había en el Palenque, se sabía a qué hora daban el aceite en el Pabellón de Toledo e iba por sus botellitas de regalo… Sobre las dos de la tarde volvía a casa para comer y descansar un poco, hay que tener en cuenta que era época de buen tiempo en Sevilla, días muy calurosos acompañaron esta Expo.

Sobre las 6 de la tarde se iba otra vez hacia La Cartuja y continuaba con el recorrido que había dejado por la mañana… así seguía hasta el atardecer, la cabalgata de calle y los fuegos artificiales los veía los fines de semana que venía con nosotros porque por la noche a ella no le gustaba estar sola por la calle.

Se visitó todos los pabellones dos o tres veces, vió todos los espectáculos del Palenque y asistió al día dedicado a cada lugar; el día de su cumpleaños le regalamos una cámara de fotos y ha sido el mejor regalo que le hicimos en su vida, hizo muchas fotos que rápidamente sacaba y guardaba en sus álbumes, no había las digitales y se gastó un dinero en sacar cada carrete en papel.

Los fines de semana mi madre venía con nosotros y nos iba guiando, no sé cómo se las ingeniaba pero se colocaba en todas las colas al principio de las mismas, la gente la respetaba porque ella decía “Niño que me duelen mucho las piernas, miarma…”, se ganaba a la gente, así se colocaba ella de las primeras y después nos metía a nosotros para que la acompañásemos… era toda un artista en estos asuntos.

La noche del viernes y la del sábado preparábamos bocadillos, allí había muchos sitios para comer pero era cara y con los niños, 13 años Benito José y  10 años Pedro, era mejor llevar la comida resuelta, además así aprovechábamos más el tiempo y pasábamos por más pabellones.

Así pasó mi madre los seis meses de la Expo 92 en Sevilla, cuando aquel acontecimiento terminó le quedó un sentimiento de malestar, se puso mala de las piernas y entró en una pequeña depresión, producida por la falta de actividad diaria, lloraba sin saber por qué y se encerró en casa durante un tiempo con el pretexto de que con las piernas no podía andar. Pronto se le pasó porque ella era muy fuerte y sabía luchar contra las adversidades y los problemas que le viniesen.

Un día Benito José yendo con la bicicleta, perdió los frenos y se estampó contra la luna trasera de un coche, sólo se rompió la clavícula porque se podía haber matado, el caso es que ese fin de semana teníamos proyectado ir a la Expo y el niño estaba sin poder moverse, con la clavícula inmovilizada… pues fuimos con una silla de ruedas que nos prestaron. Ese fue el fin de semana que más cosas pudimos ver ya que no guardábamos colas, entrábamos por los accesos vip y hasta nos acompañaban, él estuvo todo el tiempo muy incómodo porque le dolía pero fue una gozada poder aprovechar esos días entrando en los sitios del tirón, la Expo estaba totalmente adaptada, salvadas todas las barreras arquitectónicas, por eso el llevar la silla no fue muy incómodo.

Fueron unos meses intensos, no queríamos perdernos nada y había mucho que ver, fue una apertura de mente hacia la cultura que difícilmente vamos a olvidar las personas que tuvimos la suerte de visitarla.

Hoy hace 20 años de la inauguración de la Expo 92 y por eso he querido escribir esta pequeño resumen de mis recuerdos.

Post publicado originalmente en La Colina de Peralías