El tito Antonio, el hermano de la abuela Dolores

índice23Hoy es san Antonio. Cuando yo era chica se celebraban los santos más que los cumpleaños, por eso hoy que es san Antonio me acuerdo de los Antonio que estaban relacionados con la abuela Dolores y quiero que los conozcáis.

Antonio se llamaba su tío, el hermano de mi abuela Felisa, su mujer también se llamaba Antonia, su nuera también Antonia, la mujer de Pepe, y su hija Antoñita; Antonio se llamaba el marido de la tita Coral, su gemela, el padre de las titas Coral, Isabelita y Laura; Antonio se llama el hijo del tito Paco, el hermano de la tita Cati; Antonio se llamaba el hijo de la tita Isabelita y Rocío, el que se fue al cielo cuando nació; Antonio se llamaba un hermano del abuelo Benito; Antonio se llama el hermano de la tita Reyes … y Antonio se llamaba el hermano de la abuela Dolores; él era alto, guapo y tenía poco pelo, era muy simpático y cariñoso. Como veréis es un nombre que en nuestra familia se repite mucho y que siempre se ha tenido en cuenta por las circunstancias que os voy a relatar a continuación.

El tito Antonio, el hermano de la abuela Dolores, vivía en Gerena con la abuela Felisa, tenía un bar y allí se reunían los aficionados al flamenco porque a él le gustaba mucho y tenía discos de grandes figuras del cante, discos de pizarra que hoy guarda el tito Benito porque a él también le gusta el flamenco.

En la feria de Gerena ponía una caseta con la abuela Felisa y tenían mucho éxito porque la abuela Felisa era muy alegre y divertida, ella se plantaba un mantoncillo (que yo tengo guardado) y dos geranios en el moño porque siempre iba con el pelo recogido, al igual que la mayoría de las mujeres de la época; un día se montó en un burro con su primo Juanito y se pasearon por toda la feria, se lo pasaban en grande.

Cuando la abuela Dolores se vino a vivir a Sevilla y también la tita Coral, al año se vinieron también la abuela Felisa y el tito Antonio, vivían en el que hoy es el piso de la tita Cati y el tito Rafael. La abuela Felisa puso un quiosco de chuches y todos los chiquillos del barrio la querían mucho, vendía chuches, dulces y tabaco. De eso sacaba para vivir ellos dos y como vendía mucho pues tenían suficiente, siempre nos hacía regalos cuando íbamos a verla.

Pero el tito Antonio estaba delicado, hacía años que sufría de una enfermedad producida por una bacteria y que atacaba a los pulmones, tuberculosis, estuvo ingresado varias veces por un simple resfriado, y en uno de ellos su cuerpo no pudo resistir más y falleció. Hoy esas enfermedades se curan pero en aquellos tiempos la medicina no tenía solución y moría la gente.

Cuando falleció el tito Antonio tenía treinta y nueve años, muy joven, eso marcó la vida de la abuela Felisa y de sus hijas, la abuela Dolores y la tita Coral. Estaban muy triste porque había muerto muy joven. Le guardaron luto, vestidas de negro, durante muchos años, de hecho la abuela Felisa no volvió a vestirse de color. El luto en esa época se llevaba de forma rigurosa varios años; teniendo yo nueve años se murió la tía Bernardina, hemana del abuelo Benito, y me vistieron de negro, fijaros cómo han cambiado las cosas.

Recuerdo al tito Antonio porque me regaló el primer bolígrafo que yo tuve en mi vida, antes escribíamos con plumilla y tinta china y eso era muy difícil porque como cayera una gota de tinta te estropeaba todo lo que habías escrito y tenías que repetirlo porque tampoco existían los correctores para borrar. Era un bolígrafo verde, con tinta azul, al que yo le cambiaba la barrita de la tinta cuando se terminaba. Cuando yo lo usaba en el colegio todas las niñas quedaban asombradas porque ellas no lo tenían y era raro su uso, estoy hablando de los años sesenta, más o menos.

En la foto aparece junto a la abuela Felisa, delante de un paso.

Bueno, pues ya sabéis un poco más de nuestra historia familiar… seguiremos relatando historias.


Arroz con leche de la abuela Dolores

arroz-leche-thermomix-L-ld9V7uEn Semana Santa la abuela hacía las torrijas y el arroz con leche para cuando llegara de ver las procesiones tener algo que endulzarse. Era la costumbre y ella seguía perpetuándola.

El arroz con leche es un postre que aporta muchas calorías, a mí me gusta pero no lo hago casi nunca porque al abuelo no le gusta y para mí sola no lo voy a hacer. Cuando vuestros padres eran chicos, sí lo hacía y se lo comían en toda época.

Cuando el papá de Lola y Mario era pequeño subió un día a casa, ( ya sabéis que la abuela vivía en el 2º y nosotros en el 4º del mismo bloque) que venía de casa de la abuela Dolores, y venía llorando. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que no se había podido comer el arroz con leche porque la abuela le había echado “tierra”, jajaja… se refería a la canela molida que se le echa por encima una vez terminado de hacer, así da sabor y queda el plato muy bonito.

Y sin más historias os dejo la receta de arroz con leche que es muy fácil y lo podéis hacer vosotros con la ayuda de papá o mamá.

Ingredientes

– 1 vaso de arroz

– Una cáscara de limón

– Canela en rama, dos trozos grandes

– 8 cucharadas de azúcar

– 1 litro de leche entera

– 2 vasos de agua

– Canela molida para adornar

Modo de hacerlo

Todos los ingredientes, excepto la canela molida, se echan en la olla exprés y se ponen a presión durante diez minutos. Cuando ya la olla se haya enfriado y se pueda abrir se puede echar en una fuente o en cuencos individuales y se adorna con la canela molida. también se puede adornar con una barra de canela en rama, con una cáscara de limón o con una hoja de hierbabuena.

Con esta receta el arroz sale melosito y blando, si lo queréis más seco y más duro es cuestión de echar menos leche y dejarlo menos tiempo.

(La imagen está sacada de Google y pertenece a paperblog)


Las torrijas de la abuela Dolores

índiceEl viernes de Dolores siempre merendábamos con la abuela, era su santo y el mío, así lo celebrábamos. Ella hacía las torrijas por la mañana y cuando llegábamos estaban recién hechas y muy ricas. Ella las hacía de forma diferente a lo que se acostumbra y por eso os dejo aquí la receta para que vosotros cuando seáis mayores sigáis haciéndolas como ella, yo también las hago así y nos gusta recién hechas, por eso algunas tardes, aunque no sea Semana Santa, yo las hago para merendar porque calentitas es como están más buenas.

Ingredientes: Agua con sal, huevos, pan de torrijas, aceite y azúcar mezclada con canela en polvo, miel.

Modo de hacerlas:

  1. Coge agua templada en un cuenco y le echas un puñado de sal.
  2. Bate los huevos (Como si fueras a hacer una tortilla)
  3. Mezcla el azúcar con la canela en polvo
  4. Pon a calentar el aceite de oliva y le añades una cáscara de limón o de naranjas para aromatizarlo
  5. Prepara una bandeja con papel de cocina para absorber el resto de aceite
  6. Moja cada torrija en el agua con la sal (salmuera) y las dejas en otra bandeja
  7. Pasa por el huevo batido cada torrija y directamente la echas al aceite para freirlas, le vas dando la vuelta y cuando estén doradas por los dos lados las sacas a la bandeja con papel.
  8. Mientras vas friendo una tanda, la anterior las pasas por el azúcar y la canela y las vas poniendo en el recipiente en el que las vayas a guardar, sin taparlas porque sudarían con el calor y se pondrían mustias, hay que dejarlas enfriar.
  9. También se pueden pasar, una vez fritas, por miel con un poco de agua. Este procedimientos se llama enmelar, aunque yo siempre le he dicho “almelar”. Para ello se pone miel en un perol y se le añade un poco de agua. Se pone al fuego y cuando empiece a hervir se van pasando con unas pinzas cada torrija por esa mezcla, solo meterlas y sacarlas. Esta mezcla de agua y miel veréis que hace espuma, no importa, eso es igual.

Estas son las que hacía la abuela Dolores y también hay otras formas de hacerlas: Mojarlas en leche o en vino aguado en vez de salmuera.


Hoy hace 42 años que falleció el abuelo Benito, mi padre

10224007435_6b70959131_míndiceNo podemos hablar de la abuela Dolores sin mencionar al abuelo Benito, su marido, mi padre. El que está en la biblioteca, en el cuadro que está en la pared, detrás de mi mesa. De él hablamos menos porque hace muchos años que no está con nosotros, pero yo lo recuerdo todos los días y es bueno que lo conozcáis porque ellos siempre estaban juntos. Nació el 24 de junio de 1925 y falleció el 15 de febrero de 1976.

Hoy hace 42 años que murió mi padre, una grave enfermedad le quitó la fuerza y la vida antes de cumplir los 50 años, con su cabeza perfecta, dándose cuenta de cómo se iba apagando hasta el final. Recuerdo el momento en que mi hermano vino con el título de haber sacado la carrera, y yo que ya lo tenía, que dijo: “Ea, ya me puedo morir tranquilo”, ya llevaba malo un tiempo. Era como que se había cumplido su objetivo en la vida de que sus dos hijos tuvieran estudios superiores.

Por aquellos años, 1976, el tener una carrera era garantía de conseguir un trabajo en poco tiempo y si además te sacabas las oposiciones pues ya te quedabas tranquila para toda la vida, el trabajo no te iba a faltar.

Un hombre inteligente que sabía taquigrafía y que daba sabios consejos a todos los que teníamos la suerte de estar a su alrededor. Era serio y con un humor irónico que caracterizaba su inteligencia. Recuerdo que cuando José Antonio, el abuelo, le dijo que era seminarista (estudiante para ser cura), sí, sí… seminarista, le dijo que él le regalaba la primera casulla para cantar misa (vestidura que se pone el sacerdote encima de las demás) … él veía que nuestra amistad era muy especial y que pronto se iba a convertir en algo más, y así fue. Continuar leyendo


Este niño es así… que diría ella

Hoy al recoger los regalos en casa de Pedro me he emocionado, he visto la foto de mi madre y he empezado a leer pero no he podido seguir, él me ha regalado esta Web para que escribamos cosas suyas, para que no se olviden, para que sus biznietos, a los que no ha conocido, tengan presente a su bisabuela Dolores, de la que continuamente hablamos y a la que nombramos en todos nuestros acontecimientos familiares.

Pedro, me has hecho feliz, a pesar de que me has dado un trabajo duro. Gracias, de todo corazón.


Una historia para Emma


Yo nací en Gerena, un pueblo a 26 km de Sevilla, en el que hay canteras de granito, esa piedra de la que se hacen los adoquines que sirven para ponerlos en el suelo de las calles y además con el granito, se realizaron muchas obras, como las columnas del templo romano que actualmente se encuentran en la Alameda de Hércules o las columnas de la catedral de Sevilla. El granito lo trabajaban los hombres porque es una piedra dura para moldearla y cortarla, las mujeres le llevaban la comida al tajo, las canteras en las que trabajaban.

Cuando yo era pequeña, mi escuela estaba al lado de una cantera, el colegio no tenía patios, los recreos los hacíamos en la calle, había campo y también una cantera de granito, así que muchas veces estábamos en el recreo y oíamos “barrenoooo”, eso significaba que iba a haber una explosión en la cantera y nos teníamos que meter para dentro de las clases.

Mi abuelo Francisco era pedrero, hombre que trabajaba la piedra, él hacía trabajos como las piedras de molino. Al trabajar, la piedra soltaba un polvito que hacía mucho daño a los hombres porque se alojaba en los pulmones y eso no los dejaba respirar bien, esa enfermedad llamada silicosis, hizo que muchos murieran muy jóvenes. Mi abuelo murió muy joven y dejó a mi abuela Felisa con tres hijos pequeños, un niño y dos gemelas, que apenas pudieron disfrutar de su padre.

 

La casa de Gerena en la que vivíamos era grande y tenía un corral también muy grande, mi madre criaba allí gallinas (recuerdo la sensación agradable de ir a coger los huevos porque estaban calentitos), algunas veces un cerdo y muchos árboles; los que mejor recuerdo eran el saúco y la lila, los dos olían muy bien, pero el saúco era algo especial, cuando le salían las flores me hacía collares, porque eran como las estrellitas y nos lo pasábamos muy bien ensartando estrellas en un hilo que después nos poníamos para jugar y perfumarnos.

Yo viví con toda mi familia en Gerena hasta los 14 años. En el año 1965 mi padre se vino a trabajar a Sevilla y nos trasladamos a vivir al Polígono de San Pablo, avenida de El Greco. Para todos nosotros fue un gran cambio… venirnos del pueblo a la ciudad era hacer una vida muy diferente. En el pueblo yo jugaba en la calle y nadie me tenía que vigilar, nos íbamos al campo, a la dehesa… porque lo teníamos todo muy cerca y las niñas nos movíamos por todo el pueblo sin que nadie nos acompañara. En Sevilla todo era distinto, me metieron en un colegio de monjas que estaba cerca porque en el barrio aún no había institutos y allí hice todo el bachillerato.

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Mamá, dime cómo nací yo (Para Lola)

La historia del nacimiento de tu bebé

Hoy hace ocho años que tuve el lujo de asistir a uno de los acontecimientos más grandes que se puede ver en la vida, el nacimiento de mi nieta Lola. Nunca pararé de dar las gracias a Edi, la madre, y a Benito José, mi hijo, el padre, y por supuesto a mi amiga Merche que fue la que me puso la bata de quirófano y me introdujo en este momento de emociones fuertes que mi retinas no olvidarán jamás. Sí, sí, asistí al parto en vivo y en directo y se lo recomiendo a toda persona que pueda hacerlo porque es un momento inexplicable, con emociones imparables que te llevan por ríos de lágrimas incontenibles hacia la felicidad del nacimiento de un nuevo ser.

Nació dos meses y pico después de morir su bisabuela Dolores a la que le hubiese maravillado conocer. Mi madre, la bisabuela Dolores, era especial con los niños y las niñas. A todos les veía un encanto, una gracia, siempre tenía alguno a su alrededor porque ella sabía apreciar la maravilla del crecimiento, la creatividad, la gracia de educarlos, la infancia… Disfrutó mucho con el crecimiento de sus cuatro nietos. Continuar leyendo


Me contaba mi madre…

Allá por los años cincuenta mi madre estaba amamantando a mi hermano (sólo año y medio mayor que yo) cuando, tanto mi hermano como ella, mi madre, sufrieron de unas fuertes diarreas… tras las oportunas averiguaciones médicas, esta fue la señal  de que estaba embarazada de mí.

Mi hermano era un niño muy guapo, moreno, de pelo negro y rizado, con un gran parecido a mi madre, y ella decía, que se parecía a su padre, que murió muy joven afectado por la enfermedad de los pedreros (silicosis); mi abuelo hacía las ruedas de molino, es decir, era un especialista de la piedra, no se dedicaba a sacar de las canteras sino que moldeaba los grandes bloques para hacerlos redondos y que sirvieran para moler el trigo o las aceitunas para sacar el aceite.

Nací un veinte de octubre, parece que era sábado, gordita, estado que no me ha abandonado en toda mi vida, de pelo rubio y rizado, con un fuerte parecido a mi padre (antiguamente se decía que esto era una honra para la madre). Estuvieron los dos muy felices porque ya tenían la parejita.

Mis dos primeros años de vida fueron difíciles, me atrapó lo que hoy llamamos eccema del lactante (Afección cutánea caracterizada por vesículas rojizas y exudativas, que dan lugar a costras y escamas) y mi piel era todo un poema. Me llevaron a muchos médicos y no daban con lo que tenía, parece ser que probaron con todas las cremas existentes en las farmacias y ninguna daba resultado, el médico del pueblo, don Francisco, muy amigo de mis padres, acordó probar con una inyección de leche materna y eso fue lo que me paró esas tremendas erupciones de mi piel.

El problema de mi piel era que yo me rascaba, porque me debería picar bastante, y me lo iba extendiendo por todo el cuerpo. Me contaba mi madre que, para dormir me ataban a la cuna, que me iba resbalando y conseguía rascarme, por eso decidieron ponerme dos cartones en los brazos y así no lo conseguía. Es decir, dormía crucificada, como Cristo en la cruz, vaya martirio que tuve en los comienzos de mi vida.

Ese problema parece que me hizo inmune a todas las enfermedades infantiles típicas de la época: sarampión, rubeola, varicela… mi hermano las pasó todas y yo ni una, cuántas cosas me pondrían para poder combatir todos estos virus.

Cuando empecé a comer, sufrí otro de los problemas de salud que aún me acompaña, mi madre estaba haciendo un potaje de garbanzos con bacalao y era costumbre mojar un trozo de pan, de corteza dura, para que los niños se entretuvieran chupándolo, mi contacto con el pescado fue tremendo, me puse como un monstruo, hinchada y llena de ronchas, me dijeron que era alergia al pescado y desde entonces no lo he probado, el solo contacto con él me da alergia y esto no se cura, más bien es una intolerancia alimentaria que me va a acompañar mientras viva.

Mis recuerdos de infancia son bonitos, en Gerena se vivía bien y mis padres disfrutaban de su hijo y de su hija, rodeados de amigos y familiares. Allí vivimos hasta que yo cumplí los trece años que nos vinimos a Sevilla porque mi padre empezó a trabajar en la Obra Sindical del Hogar.

Post publicado originalmente en “La Colina de Peralías”


Chícharos amarillos

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Ayer me encontré con unos amigos de la infancia y quiero  dedicar mi artículo a los recuerdos que tengo sobre ellos y sus familias.

Vivíamos en Gerena, un pueblo cercano a Sevilla, en la calle Ramón y Cajal, muy cerca de la Iglesia, por eso por aquella calle pasaban todas las procesiones porque la otra alternativa era pasar por delante del Ayuntamiento y allí había una cuesta muy grande,(otro día hablaré de las procesiones), la calle no era muy grande, en ella vivíamos unas 10 o 12 familias, pero de toda la vida, es decir, todas las casas eran propiedad de las familias y si se casaba alguien, aunque tuviera su casa independiente, pasaba el día con los padres con lo cual era como si no se hubiese ido de la calle (es el caso de mi tata Magdalena, de Rosario la de la huerta del pino, de la O, de …)

Ayer tuve la grata sorpresa de estar con Felipe, uno de los siete hermanos Marín Pérez, los nombraré, aunque lo que no recuerdo exactamente es el orden por la edad: Jeromo el mayor, Juana que después compró el molino de Maravillas y vivía enfrente nuestra y es con la que más contacto tuvimos después de vivir en Sevilla, Dolores mi mejor amiga que se fue a Sevilla a vivir cuando se casó, Felipe con el que nos une grandes ideales, Antonio, Carmelo el que ha superado una gran enfermedad como un verdadero campeón y el que actualmente vive en la casa de los padres y Francisco, el más pequeño, su padre Felipe y su madre Carmela.

Carmela tenía una tienda en el portal de su casa y mi madre me mandaba allí a comprar… tengo una estampa clavada en mi mente que nunca olvidaré y que siempre que veo a alguno de ellos se me viene a la memoria… en los años que estoy hablando, final de la década de los cincuenta o comienzo de los sesenta, las tiendas siempre permanecían abiertas y como estaban en las casas familiares pues se despachaba a cualquier hora… se llegaba al mostrador y con la moneda que llevabas se golpeaba suavemente en la madera y se decía: “a despachá” y, aunque estuviera comiendo, Carmela, una señora fuerte, alta, siempre con su pelo recogido y vestida de negro, se levantaba y me daba lo que buscaba con toda la amabilidad del mundo. Felipe, el padre, siempre me hablaba, era muy cariñoso… me decía ¿”niña, quieres chícharos”? En Gerena me decían niña y a mi hermano niño, mi madre sólo había tenido esos dos hijos y por eso nunca nos llamó por nuestro nombre, para ella ,y por extensión para la calle, siempre fuimos la niña y el niño.

La imagen que tengo clavada en mi memoria como postal de color sepia, es la de los chícharos amarillos ya que mi madre siempre los hacía con pimentón y salían rojos, pero no era sólo el color lo que me llamaba la atención, los chícharos estaban en una fuente grande y todos sentados alrededor de la mesa comían de la misma fuente, no era “cuchará y paso atrás” porque ellos estaban sentados, los siete hijos y el matrimonio, era que se comía así, no había un plato para cada uno sino una fuente familiar. Me imagino que Carmela sacaría al menos dos veces de la olla porque nueve personas comían mucho…

Con Mari, la mujer de Felipe, que vivía en la calle de atrás, me une una relación muy especial, es la hermana de leche de mi hermano, os lo explico: al nacer Mari su madre murió y mi madre, que había tenido a mi hermano hacía escasamente dos meses, se ofreció a amamantarla ya que en aquella época, años cincuenta, era casi impensable que un niño se criara con biberones y además costaba un dinero que no se podía pagar… a Mari la crió su tía Mercedes, amamantándola Dolores, mi madre, y siempre estaba en nuestra calle aunque yo recuerdo haber ido muchas veces a su casa.

Después, las casualidades de la vida han hecho que no perdamos las relaciones, Mª Carmen la hija de Mari y Felipe se fue a estudiar a Huelva y allí conoció al que hoy es su marido, el hermano de mi vecina Loly de El Viso, los veo de muy tarde en tarde pero ese lazo está ahí y no se pierde, de vez en cuando he visto a los niños en casa de su tía, mi vecina Loly y me ha dado una gran alegría.

Ayer me contaba Mari que todas las niñas de la calle celebraban mis Reyes Magos, estaban deseando que llegara el día para ver qué muñecos me habían traido y es que mi madre me vestía los muñecos, los moisés… y además yo tenía unos padrinos, Manuel (al que debe mi hermano su segundo nombre de pila, y Catalina (a la cual le debo yo también mi segundo nombre) que eran muy generosos tanto con mi hermano como conmigo.

Seguiré escribiendo recuerdos de la infancia porque eso me hará sentir y permanecer activos esos 13 años que viví en mi pueblo natal, Gerena.

 

Post publicado originalmente en La Colina de Peralías


¿Cómo vivió la Expo92 en Sevilla?

Durante seis meses la Expo 92  para mi madre supuso un aliciente que la hacía salir cada día, para descubrir nuevos mundos, para aprender, para hacer fotos por primera vez en su vida, para organizar su vida en torno al horario que ella consideraba oportuno para ir sola.

Se levantaba temprano, arreglaba la casa y dejaba la comida hecha… se iba a la Expo sobre las 10 de la mañana, se tomaba un café en el pabellón de Colombia y empezaba su ruta… estaba pendiente de todos los espectáculos que había en el Palenque, se sabía a qué hora daban el aceite en el Pabellón de Toledo e iba por sus botellitas de regalo… Sobre las dos de la tarde volvía a casa para comer y descansar un poco, hay que tener en cuenta que era época de buen tiempo en Sevilla, días muy calurosos acompañaron esta Expo.

Sobre las 6 de la tarde se iba otra vez hacia La Cartuja y continuaba con el recorrido que había dejado por la mañana… así seguía hasta el atardecer, la cabalgata de calle y los fuegos artificiales los veía los fines de semana que venía con nosotros porque por la noche a ella no le gustaba estar sola por la calle.

Se visitó todos los pabellones dos o tres veces, vió todos los espectáculos del Palenque y asistió al día dedicado a cada lugar; el día de su cumpleaños le regalamos una cámara de fotos y ha sido el mejor regalo que le hicimos en su vida, hizo muchas fotos que rápidamente sacaba y guardaba en sus álbumes, no había las digitales y se gastó un dinero en sacar cada carrete en papel.

Los fines de semana mi madre venía con nosotros y nos iba guiando, no sé cómo se las ingeniaba pero se colocaba en todas las colas al principio de las mismas, la gente la respetaba porque ella decía “Niño que me duelen mucho las piernas, miarma…”, se ganaba a la gente, así se colocaba ella de las primeras y después nos metía a nosotros para que la acompañásemos… era toda un artista en estos asuntos.

La noche del viernes y la del sábado preparábamos bocadillos, allí había muchos sitios para comer pero era cara y con los niños, 13 años Benito José y  10 años Pedro, era mejor llevar la comida resuelta, además así aprovechábamos más el tiempo y pasábamos por más pabellones.

Así pasó mi madre los seis meses de la Expo 92 en Sevilla, cuando aquel acontecimiento terminó le quedó un sentimiento de malestar, se puso mala de las piernas y entró en una pequeña depresión, producida por la falta de actividad diaria, lloraba sin saber por qué y se encerró en casa durante un tiempo con el pretexto de que con las piernas no podía andar. Pronto se le pasó porque ella era muy fuerte y sabía luchar contra las adversidades y los problemas que le viniesen.

Un día Benito José yendo con la bicicleta, perdió los frenos y se estampó contra la luna trasera de un coche, sólo se rompió la clavícula porque se podía haber matado, el caso es que ese fin de semana teníamos proyectado ir a la Expo y el niño estaba sin poder moverse, con la clavícula inmovilizada… pues fuimos con una silla de ruedas que nos prestaron. Ese fue el fin de semana que más cosas pudimos ver ya que no guardábamos colas, entrábamos por los accesos vip y hasta nos acompañaban, él estuvo todo el tiempo muy incómodo porque le dolía pero fue una gozada poder aprovechar esos días entrando en los sitios del tirón, la Expo estaba totalmente adaptada, salvadas todas las barreras arquitectónicas, por eso el llevar la silla no fue muy incómodo.

Fueron unos meses intensos, no queríamos perdernos nada y había mucho que ver, fue una apertura de mente hacia la cultura que difícilmente vamos a olvidar las personas que tuvimos la suerte de visitarla.

Hoy hace 20 años de la inauguración de la Expo 92 y por eso he querido escribir esta pequeño resumen de mis recuerdos.

Post publicado originalmente en La Colina de Peralías