Viernes de Dolores de 2021

Hace más de un año que no escribo por aquí, parece como si el virus me hubiese invadido las teclas de acceso a este portal que lo único y lo más que pretende es recoger recuerdos familiares en torno a la abuela Dolores.

Mamá, hace un año que apareció en el mundo entero un virus que nos tiene a todos trastornados, sí, sí, es muy grave, ha muerto mucha gente y hemos tenido que estar encerrados en casa sin poder salir más que a comprar comida o medicinas. El mundo se ha estremecido por completo y aún no hemos salido de la pandemia, sigue muriendo gente y los hospitales están a reventar. Tenemos que llevar mascarillas y no puedes abrazar a nadie que no sea de tu familia. Los niños se han acostumbrado y están en el colegio con mascarillas puestas. Bueno, otro día te contaré más cosas del coronavirus porque hoy es Viernes de Dolores y no es de eso de lo que quería escribir, hoy es tu día y tú eres la protagonista.

A José Antonio se le ha ocurrido poner una foto tuya, mía y de Lola en Facebook para felicitarnos por nuestro santo y son muchas las personas que te están recordando, que se están emocionando y que están diciendo cosas muy bonitas sobre ti.

Todos recordamos aquellas tardes de Viernes de Dolores que nos reuníamos en tu casa a comer las primeras torrijas. Era un día sagrado en que nos veíamos todos y pasábamos la tarde juntos. Tú ponías un mantel bonito y las tazas de la Cartuja, como los días de fiesta grande. Los niños en la mesita redonda de la rinconera y nosotros en la grande, tal como comíamos siempre. A mí me gustaba el sitio de papá porque desde allí lo veía todo, ya sabes que no me gusta sentarme de espaldas a la puerta, me siento incomodísima, parece que va a pasar algo y no me voy a dar cuenta. Pues así sigo, mamá, siempre me siento en un lado preferente, en el sitio que yo domine a toda la gente, no por dominar, sino por visualizar, tú sabes que yo no soy mandona y me adapto a lo que digan los demás.

Los mejores regalos para ti y tú siempre muy agradecida. Era nuestro día grande, el día del santo. Ahora la cosa ha cambiado y casi que no se celebran los santos, se le da más importancia al cumpleaños. En realidad celebrar un año más de vida es muy importante, lo hemos podido comprobar en este año que llevamos de pandemia que ha fallecido tanta gente.

Tú con mucho cariño habías hecho las torrijas por la mañana y habías puesto todo el esmero para que cada uno tuviese la que le gustaba, a Benito José no le gusta con miel, pues azúcar y canela…  Era una tarde preciosa en la que sentíamos el inicio de la Semana Santa.

Recuerdo cuando estábamos en Gerena que el Viernes Dolores era como un día festivo. Las niñas íbamos de casa en casa felicitando a todas las Dolores y lo pasábamos de lujo.

Yo pretendo seguir con esa tradición que teníamos de vernos el viernes de Dolores pero casi ningún año lo consigo, los niños tienen siempre trabajo, afortunadamente, y es difícil pillarlos libres, ni siquiera los fines de semana.

Esta tarde me ha ayudado Mario a hacer las torrijas; las ha mojado, en salmuera, como tú las hacías y yo sigo haciéndolas, antes ha disuelto la sal en el agua y eso le ha encantado, ha visto cómo iba desapareciendo la sal y cómo el agua estaba saladita; él también ha ido partiendo los huevos y ha comprobado que tenía que hacerlo en el filito del fregadero para que no se cascaran entero y los perdiera, después los ha ido batiendo con el tenedor y me preguntaba si íbamos a hacer una tortilla para cenar; para mojarlas contábamos diez y él las iba colocando ordenadamente para que ninguna se rompiera.

Mario también ha preparado el azúcar y la canela, teníamos poca canela pero él dijo que era suficiente porque el azúcar se puso rosa, fue desgranando con mucho esmero todos los terrones que tenía el azúcar y lo dejó perfectamente ligado. Eso de meter las manos en el azúcar le gustó mucho.

Cuando empecé a freir las torrijas, previamente pasadas por el huevo, ya vio que no íbamos a hacer la tortilla, comprendió para qué habíamos batido los huevos anteriormente. Quería darles la vuelta en el perol pero eso no le dejé hacerlo porque me daba miedo no se fuese a quemar, era un perol grande, con mucho aceite y caliente, en el que previamente habíamos refrito una cáscara de naranja para aromatizarlo, tal como lo hacía la tita Plácida.

Al sacarlas del aceite las fui poniendo en un plato y después él las fue pasando por el azúcar y la canela, bueno, pasó las tres primeras porque inmediatamente me preguntó ¿las puedo probar? al contestarle que sí, cogió su plato y su tenedor y se sentó en la mesa, para él ya había terminado la tarea.

Fui contando las que nos íbamos a comer cada uno y me dijo, si sobran son para mí, ¡Ufff… qué buenas! ¿me puedo comer otra?, así hasta cuatro y porque le dije que ya eran muchas y le iban a hacer daño porque por él hubiera seguido.

Así que esta fue la mejor prueba de que las torrijas nos salieron buenas. Después llegó Lola y se comió tres, la madre se las llevó para comérselas por el camino y al padre les mandé las cuatro que quedaron. Así fue como desapareció el primer paquete de torrijas de este año.

Una tarde para recordarte, un día memorable en nuestra familia, no hay día en el calendario que no te nombre y te recuerde. Un abrazo mamá y felicidades por tu santo.

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