Hoy hace 42 años que falleció el abuelo Benito, mi padre

10224007435_6b70959131_míndiceNo podemos hablar de la abuela Dolores sin mencionar al abuelo Benito, su marido, mi padre. El que está en la biblioteca, en el cuadro que está en la pared, detrás de mi mesa. De él hablamos menos porque hace muchos años que no está con nosotros, pero yo lo recuerdo todos los días y es bueno que lo conozcáis porque ellos siempre estaban juntos. Nació el 24 de junio de 1925 y falleció el 15 de febrero de 1976.

Hoy hace 42 años que murió mi padre, una grave enfermedad le quitó la fuerza y la vida antes de cumplir los 50 años, con su cabeza perfecta, dándose cuenta de cómo se iba apagando hasta el final. Recuerdo el momento en que mi hermano vino con el título de haber sacado la carrera, y yo que ya lo tenía, que dijo: “Ea, ya me puedo morir tranquilo”, ya llevaba malo un tiempo. Era como que se había cumplido su objetivo en la vida de que sus dos hijos tuvieran estudios superiores.

Por aquellos años, 1976, el tener una carrera era garantía de conseguir un trabajo en poco tiempo y si además te sacabas las oposiciones pues ya te quedabas tranquila para toda la vida, el trabajo no te iba a faltar.

Un hombre inteligente que sabía taquigrafía y que daba sabios consejos a todos los que teníamos la suerte de estar a su alrededor. Era serio y con un humor irónico que caracterizaba su inteligencia. Recuerdo que cuando José Antonio, el abuelo, le dijo que era seminarista (estudiante para ser cura), sí, sí… seminarista, le dijo que él le regalaba la primera casulla para cantar misa (vestidura que se pone el sacerdote encima de las demás) … él veía que nuestra amistad era muy especial y que pronto se iba a convertir en algo más, y así fue.

Leía la prensa diariamente y estaba al tanto de todos los acontecimientos que ocurrían, las noticias en la radio y después en la tele, eran un ritual a la hora de las comidas que no nos podíamos perder. Era sevillista hasta los huesos y fundó en Gerena la Peña sevillista, sitio en el que vi la televisión por primera vez en mi vida. También le gustaban los toros, era “currista” de Curro Romero, y no se perdía ni una corrida en Sevilla. Vestía siempre de traje y corbata; en verano, si hacía mucho calor se ponía cubanas, siempre de colores muy claros. Tocaba la trompeta y estuvo en un grupo que hacía representaciones teatrales. Muy ligado a la iglesia, los curas siempre fueron sus amigos, tanto en Gerena como en Sevilla. Era de la Hermandad de la Vera Cruz ( la hermandad de abajo, los verdes) y la abuela era de la Hermandad de la Soledad (los de arriba, los morados).

En Gerena, su pueblo natal, era todo un referente, a él le consultaban todas las cuestiones que llevaban papeleo y él se las arreglaba a toda la gente, sin cobrar un duro. Era muy celoso con su trabajo, siempre de oficina y trataba con la gente del pueblo con amabilidad. Hubo un tiempo que estuvo en política, de teniente de alcalde con Manuel Rodríguez, pero eso a la abuela no le gustaba, ella decía que no había que “señalarse” (Ya os explicaré qué significa esa expresión).

Él era el marido de la abuela Dolores, ella le cuidaba mucho y estaba siempre pendiente de él, no sabían andar uno sin el otro. La abuela se aficionó al fútbol por él y lo acompañaba a los partidos, en una época en que pocas mujeres iban al fútbol. Viajábamos en autobús siempre para ver dónde jugaba el Sevilla, Málaga, Madrid… Siempre le hacía sus comidas preferidas y nosotros nos las teníamos que comer, aunque no te gustaran. Recuerdo el tiempo de las habas, que a él le gustaban mucho y la abuela las hacía con mucha frecuencia, a mí entonces no me gustaban (solo me tomaba el caldito) y ahora me encantan.

A mi padre le gustaba mucho jugar con los niños, con su ahijado Jaime se pasaba horas enteras y se ponía de muy buen humor cuando este llegaba y eso que ya estaba malo. Hubiera disfrutado mucho con sus biznietos (Lola, Paula, Mario, Emma, Javier, Amanda y Adriana) si los hubiera conocido y a vosotros os hubiera encantado conocerle.

 

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