Arroz con leche de la abuela Dolores

arroz-leche-thermomix-L-ld9V7uEn Semana Santa la abuela hacía las torrijas y el arroz con leche para cuando llegara de ver las procesiones tener algo que endulzarse. Era la costumbre y ella seguía perpetuándola.

El arroz con leche es un postre que aporta muchas calorías, a mí me gusta pero no lo hago casi nunca porque al abuelo no le gusta y para mí sola no lo voy a hacer. Cuando vuestros padres eran chicos, sí lo hacía y se lo comían en toda época.

Cuando el papá de Lola y Mario era pequeño subió un día a casa, ( ya sabéis que la abuela vivía en el 2º y nosotros en el 4º del mismo bloque) que venía de casa de la abuela Dolores, y venía llorando. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que no se había podido comer el arroz con leche porque la abuela le había echado “tierra”, jajaja… se refería a la canela molida que se le echa por encima una vez terminado de hacer, así da sabor y queda el plato muy bonito.

Y sin más historias os dejo la receta de arroz con leche que es muy fácil y lo podéis hacer vosotros con la ayuda de papá o mamá.

Ingredientes

– 1 vaso de arroz

– Una cáscara de limón

– Canela en rama, dos trozos grandes

– 8 cucharadas de azúcar

– 1 litro de leche entera

– 2 vasos de agua

– Canela molida para adornar

Modo de hacerlo

Todos los ingredientes, excepto la canela molida, se echan en la olla exprés y se ponen a presión durante diez minutos. Cuando ya la olla se haya enfriado y se pueda abrir se puede echar en una fuente o en cuencos individuales y se adorna con la canela molida. también se puede adornar con una barra de canela en rama, con una cáscara de limón o con una hoja de hierbabuena.

Con esta receta el arroz sale melosito y blando, si lo queréis más seco y más duro es cuestión de echar menos leche y dejarlo menos tiempo.

(La imagen está sacada de Google y pertenece a paperblog)


Las torrijas de la abuela Dolores

índiceEl viernes de Dolores siempre merendábamos con la abuela, era su santo y el mío, así lo celebrábamos. Ella hacía las torrijas por la mañana y cuando llegábamos estaban recién hechas y muy ricas. Ella las hacía de forma diferente a lo que se acostumbra y por eso os dejo aquí la receta para que vosotros cuando seáis mayores sigáis haciéndolas como ella, yo también las hago así y nos gusta recién hechas, por eso algunas tardes, aunque no sea Semana Santa, yo las hago para merendar porque calentitas es como están más buenas.

Ingredientes: Agua con sal, huevos, pan de torrijas, aceite y azúcar mezclada con canela en polvo, miel.

Modo de hacerlas:

  1. Coge agua templada en un cuenco y le echas un puñado de sal.
  2. Bate los huevos (Como si fueras a hacer una tortilla)
  3. Mezcla el azúcar con la canela en polvo
  4. Pon a calentar el aceite de oliva y le añades una cáscara de limón o de naranjas para aromatizarlo
  5. Prepara una bandeja con papel de cocina para absorber el resto de aceite
  6. Moja cada torrija en el agua con la sal (salmuera) y las dejas en otra bandeja
  7. Pasa por el huevo batido cada torrija y directamente la echas al aceite para freirlas, le vas dando la vuelta y cuando estén doradas por los dos lados las sacas a la bandeja con papel.
  8. Mientras vas friendo una tanda, la anterior las pasas por el azúcar y la canela y las vas poniendo en el recipiente en el que las vayas a guardar, sin taparlas porque sudarían con el calor y se pondrían mustias, hay que dejarlas enfriar.
  9. También se pueden pasar, una vez fritas, por miel con un poco de agua. Este procedimientos se llama enmelar, aunque yo siempre le he dicho “almelar”. Para ello se pone miel en un perol y se le añade un poco de agua. Se pone al fuego y cuando empiece a hervir se van pasando con unas pinzas cada torrija por esa mezcla, solo meterlas y sacarlas. Esta mezcla de agua y miel veréis que hace espuma, no importa, eso es igual.

Estas son las que hacía la abuela Dolores y también hay otras formas de hacerlas: Mojarlas en leche o en vino aguado en vez de salmuera.


Hoy hace 42 años que falleció el abuelo Benito, mi padre

10224007435_6b70959131_míndiceNo podemos hablar de la abuela Dolores sin mencionar al abuelo Benito, su marido, mi padre. El que está en la biblioteca, en el cuadro que está en la pared, detrás de mi mesa. De él hablamos menos porque hace muchos años que no está con nosotros, pero yo lo recuerdo todos los días y es bueno que lo conozcáis porque ellos siempre estaban juntos. Nació el 24 de junio de 1925 y falleció el 15 de febrero de 1976.

Hoy hace 42 años que murió mi padre, una grave enfermedad le quitó la fuerza y la vida antes de cumplir los 50 años, con su cabeza perfecta, dándose cuenta de cómo se iba apagando hasta el final. Recuerdo el momento en que mi hermano vino con el título de haber sacado la carrera, y yo que ya lo tenía, que dijo: “Ea, ya me puedo morir tranquilo”, ya llevaba malo un tiempo. Era como que se había cumplido su objetivo en la vida de que sus dos hijos tuvieran estudios superiores.

Por aquellos años, 1976, el tener una carrera era garantía de conseguir un trabajo en poco tiempo y si además te sacabas las oposiciones pues ya te quedabas tranquila para toda la vida, el trabajo no te iba a faltar.

Un hombre inteligente que sabía taquigrafía y que daba sabios consejos a todos los que teníamos la suerte de estar a su alrededor. Era serio y con un humor irónico que caracterizaba su inteligencia. Recuerdo que cuando José Antonio, el abuelo, le dijo que era seminarista (estudiante para ser cura), sí, sí… seminarista, le dijo que él le regalaba la primera casulla para cantar misa (vestidura que se pone el sacerdote encima de las demás) … él veía que nuestra amistad era muy especial y que pronto se iba a convertir en algo más, y así fue. Continuar leyendo


Este niño es así… que diría ella

Hoy al recoger los regalos en casa de Pedro me he emocionado, he visto la foto de mi madre y he empezado a leer pero no he podido seguir, él me ha regalado esta Web para que escribamos cosas suyas, para que no se olviden, para que sus biznietos, a los que no ha conocido, tengan presente a su bisabuela Dolores, de la que continuamente hablamos y a la que nombramos en todos nuestros acontecimientos familiares.

Pedro, me has hecho feliz, a pesar de que me has dado un trabajo duro. Gracias, de todo corazón.


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¿Por qué esta web?

Cuando en las navidades de 2007 murió mi abuela registré un dominio web con su nombre. No tenía un plan para él, simplemente lo hice. Hay quien lleva flores al cementerio, hay quien planta un árbol o hay quien compra una mascota. Cualquier cosa es válida. A mí que el archivo y la memoria siempre me han encandilado entiendo el duelo como eso, como un acto de recordar. Ese recordar que un buen amigo me contó que viene de la palabra re-cardio o “volver a pasar por el corazón”. Me encanta recordar expresiones, gestos, olores, actitudes de aquellos seres que ya no están presentes y mi abuela Dolores fue una persona muy importante para mí y para mi madre. Sé que esto es algo duro pero el objeto de esta web es celebrar, volver a pasar por el corazón, compartir la memoria. ¿Para quién? Para quien quiera leer, para nuestra familia cercana o para la extensa.

Año a año he ido pagando religiosamente el dominio que ahora ofrezco a mi familia, y en especial a mi madre, como regalo y como compromiso de mantener este pequeño archivo, poco a poco, sin prisas. Publicando cosas, ejercitando la memoria. Mi madre lo hará seguro de buena gana y yo intentaré hacerlo al menos una vez al trimestre.

En cualquier caso como hace 10 años no tengo un plan claro de cuál debe ser el camino de esta web. Será lo que el consejo editorial de la misma, formado por mi madre y yo queramos que sea. Hemos empezado recuperando algunas cosas que ya habíamos escrito en nuestros blogs, fotos, y recetas. Si conociste a mi abuela y quieres aportar algo escríbenos.

La propuesta es organizar esta web bajo las siguientes categorías:

  • “Niña” mi abuela siempre llamó a su única hija “niña” “la niña” y en esta categoría recogeremos aquellas cosas que ha escrito y escribirá mi madre.
  • “El estómago no tiene paredes” es una frase que ella siempre nos decía a la hora de comer. A ella le encantaba comer. En esta sección recuperaremos algunas recetas y anécdotas sobre la comida.
  • “Niño te vas a dejar los ojos” es una frase que nos decía cuando nos veía trabajar delante del ordenador. Ella siempre respetó y ayudó lo que hacíamos aunque no lo entendiera. Ese acto de escucha (y eso que perdió el oido) siempre se lo agradeceremos. Aquí publicamos cosas sus nietos y también fotografías y vídeos.

No tenía plan alguno con el dominio, pero ahora que hace unos días se cumplieron 10 años de la muerte de Dolores Peralías Fernández, mi abuela, es el momento en el que iniciamos este memorial digital. Seguro que a sus biznietas y biznietos les gusta esta web en el futuro.

Te quiero abuela. Te quiero mamá.

Pedro Jiménez, co-editor y todo lo demás de esta web.
RRMM de 2018.

Pie de foto: Benito José, Abuela Dolores y Pedro en Sevilla. Años 80. Foto de José Antonio Jiménez.


Una historia para Emma


Yo nací en Gerena, un pueblo a 26 km de Sevilla, en el que hay canteras de granito, esa piedra de la que se hacen los adoquines que sirven para ponerlos en el suelo de las calles y además con el granito, se realizaron muchas obras, como las columnas del templo romano que actualmente se encuentran en la Alameda de Hércules o las columnas de la catedral de Sevilla. El granito lo trabajaban los hombres porque es una piedra dura para moldearla y cortarla, las mujeres le llevaban la comida al tajo, las canteras en las que trabajaban.

Cuando yo era pequeña, mi escuela estaba al lado de una cantera, el colegio no tenía patios, los recreos los hacíamos en la calle, había campo y también una cantera de granito, así que muchas veces estábamos en el recreo y oíamos “barrenoooo”, eso significaba que iba a haber una explosión en la cantera y nos teníamos que meter para dentro de las clases.

Mi abuelo Francisco era pedrero, hombre que trabajaba la piedra, él hacía trabajos como las piedras de molino. Al trabajar, la piedra soltaba un polvito que hacía mucho daño a los hombres porque se alojaba en los pulmones y eso no los dejaba respirar bien, esa enfermedad llamada silicosis, hizo que muchos murieran muy jóvenes. Mi abuelo murió muy joven y dejó a mi abuela Felisa con tres hijos pequeños, un niño y dos gemelas, que apenas pudieron disfrutar de su padre.

 

La casa de Gerena en la que vivíamos era grande y tenía un corral también muy grande, mi madre criaba allí gallinas (recuerdo la sensación agradable de ir a coger los huevos porque estaban calentitos), algunas veces un cerdo y muchos árboles; los que mejor recuerdo eran el saúco y la lila, los dos olían muy bien, pero el saúco era algo especial, cuando le salían las flores me hacía collares, porque eran como las estrellitas y nos lo pasábamos muy bien ensartando estrellas en un hilo que después nos poníamos para jugar y perfumarnos.

Yo viví con toda mi familia en Gerena hasta los 14 años. En el año 1965 mi padre se vino a trabajar a Sevilla y nos trasladamos a vivir al Polígono de San Pablo, avenida de El Greco. Para todos nosotros fue un gran cambio… venirnos del pueblo a la ciudad era hacer una vida muy diferente. En el pueblo yo jugaba en la calle y nadie me tenía que vigilar, nos íbamos al campo, a la dehesa… porque lo teníamos todo muy cerca y las niñas nos movíamos por todo el pueblo sin que nadie nos acompañara. En Sevilla todo era distinto, me metieron en un colegio de monjas que estaba cerca porque en el barrio aún no había institutos y allí hice todo el bachillerato.

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Mamá, dime cómo nací yo (Para Lola)

La historia del nacimiento de tu bebé

Hoy hace ocho años que tuve el lujo de asistir a uno de los acontecimientos más grandes que se puede ver en la vida, el nacimiento de mi nieta Lola. Nunca pararé de dar las gracias a Edi, la madre, y a Benito José, mi hijo, el padre, y por supuesto a mi amiga Merche que fue la que me puso la bata de quirófano y me introdujo en este momento de emociones fuertes que mi retinas no olvidarán jamás. Sí, sí, asistí al parto en vivo y en directo y se lo recomiendo a toda persona que pueda hacerlo porque es un momento inexplicable, con emociones imparables que te llevan por ríos de lágrimas incontenibles hacia la felicidad del nacimiento de un nuevo ser.

Nació dos meses y pico después de morir su bisabuela Dolores a la que le hubiese maravillado conocer. Mi madre, la bisabuela Dolores, era especial con los niños y las niñas. A todos les veía un encanto, una gracia, siempre tenía alguno a su alrededor porque ella sabía apreciar la maravilla del crecimiento, la creatividad, la gracia de educarlos, la infancia… Disfrutó mucho con el crecimiento de sus cuatro nietos. Continuar leyendo


Hola abuela, adiós Festival ZEMOS98

Hola abuela,

Sí, ya ha terminado el último festival zemos. Uff la cosa ha cambiado mucho, ya no hay que recoger cintas, pero ya hemos dicho que no seguimos haciendo el festival y quería contártelo, a mi forma. Ya sé que no vas a leer esto pero el canario, Felipe, dio una idea para el discurso final del festival en el Teatro Alameda: “por qué no le escribes una carta a tu abuela y le cuentas los motivos del cierre del festival”. Y la conversación no pudo seguir. Ni Sofía, ni Felipe, ni yo pudimos hablar durante un rato, Sofía se medio indignó “Felipe cómo puedes hacer esa propuesta!” y Felipe se disculpó. A mi se me nubló la vista, la idea me gustó, pero pensé que en la clausura no era el momento. Que el momento y el lugar era aquí. Pudiendo darle a ‘Guardar borrador’ para secarme las lágrimas.

Siempre me acordaré de que cuando aceptaste que nos íbamos a dedicar a esto, y no a ser abogado o a ser médico, me dijiste dos cosas “que no fuera periodista de esos que persiguen a la pantoja” y que ganara muchos premios. Yo te hablé de la creación colectiva, que yo no estaba solo, pero llegamos al acuerdo que si ganaba un Goya algún día te lo dedicaría. No hemos llegado al Goya aún, y tengo que decirte que tampoco es que lo estemos intentando, en cualquier caso si llegamos no se me va a olvidar.

Claro que esto del Goya te lo cuento porque el otro día, ante más de 400 personas tuve que decir adiós al Festival ZEMOS98 y justo antes de salir me acordé de ti. Y justo cuando dije algo así como “miradas cómplices” me estaba refiriendo, a mucha gente que en estos dos meses nos hemos encontrado y ha entendido por qué lo hacíamos, y también a ti. Y estuve a punto de llorar, pero no lo hice. Y eso que veía cómo tu hija, mi padre y Bea estaban con la cara esa de no poder aguantar. Pero no lloré. El otro día en la oficina, que ahora la tenemos en PíoXII y sí seguimos haciendo cosas de esas que siempre aceptaste pero nunca terminaste de comprender “¿para qué son todos esos cables niño?” “Nada, abuela para hacer películas”, sí lloré, pero el sábado quise aguantar sin hacerlo ante 400 personas.

Bueno… las cosas han cambiado mucho, ahora tenemos una hija, BJ y Edi tienen 2 y bueno… la playa que tanto te cuidó sigue ahí. El caso es que el otro día, en Semana Santa estuvimos en la playa, para que Emma tuviera un poco de cambio, para que Bea también descansara un poco y yo a seguir delante del ordenador “dejándome los ojos” y volviendo a “levantarme sin desayunar y a trabajar”. El caso es que fuimos con Emma a ver una cofradía, ya sabes que para mi la Semana Santa no significa nada religioso pero por mucho que reniegue de ella no se me va a olvidar en la vida las tardes de San Benito en la residencia o el levantarnos a las 6 de la mañana para ver la Macarena con un bocadillo de salchichas de esos en viena de Polvillo, y ahí sí que lloré. Tuve a Emma en brazos mientras pasaba el paso, la banda y se quedó impresionada, inmóvil, observando, con la mirada atenta, sin pasar miedo (y eso que retumbaba aquello que tendrías que haberle quitado volumen a tu aparato) y yo me emocioné.

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